7 de octubre de 2008[996] visitas [9] comentarios
En los últimos tiempos y a la vista de la incalificable conducta gubernamental, en su persistente y reaccionaria negativa a reconocer la galopante crisis en la que nos hallamos inmersos -y agravada por la crisis internacional-, es cada vez más notorio que nos encontramos ante un creciente grado de desconsideración social. Pues, se mire como se mire, no parece ser muy fácilmente constatable ningún signo que pueda refutar ni lo más mínimo tal aseveración. Lo que, ineludiblemente y entre otras cosas, nos lleva a concluir que: bien el nivel y talante político de este gobierno es notoriamente muy deficiente, simplemente está absolutamente impregnado de evidentes tintes de puro despotismo, o las dos cosas a la vez.
Consecuentemente, tan es así que, además de una manifiesta burla y tomadura de pelo permanente, cuanto viene pasando en torno al incalificable reiterado intento de silenciar lo absolutamente evidente con respecto a la actual crisis económica -y del modo más burdo e insensato, por cierto-, no hace sino confirmar los deseos gubernamentales por mantener a la sociedad no ya en la más precaria desinformación, sino y lo que es más grave, en la más absoluta inmadurez. Embadurnado, todo ello, de un teatral aparente "fanático optimismo de fantasía" -tan falso, como la posible consecución del pleno empleo que nos vendía el presidente Rodríguez durante la última contienda electoral-, y que, me recordaba, aquella típica frase de la dictadura: "hay que viajar menos y leer más". Esto, como es natural, a fin de que no se pudieran ver fuera de España las ventajas de la libertad y la democracia..
En tal sentido y comparativamente con el pasado, ya hemos superado un aspecto más de épocas pasadas -pero a peor, dentro de lo que ya va pareciéndose, cada día más, a una mera "dictadura admitida". Si bien, ahora, parece que va a terminar siendo, ni lo uno ni lo otro. Porque, teniendo en cuenta la por momentos más y más inquietante y angustiante situación en la que, cada día, van entrando miles de personas que están engrosando las listas del desempleo -nada menos que 95.300 parados más en el pasado mes de septiembre, y lo que está por venir-, al paso que vamos, la mayoría de los españoles difícilmente van a poder viajar y, por otro lado y según pretende este gobierno socialista, ni siquiera molestarse en leer, investigar, analizar o valorar el por qué de las cosas, los casos y las causas, de ahora en adelante.
Así pues, "deberá bastar con escuchar a un "iluminado" presidente Rodríguez y, para no ser un "anti-patriota" ni un "políticamente apestado", guardar el más servil y rastrero de los silencios. Para qué, una sociedad inquieta, con personalidad y vida propia, culta y capaz de pensar y decidir por sí misma. Nada mejor, que una "manada de idiotizados fieles sumisos" que, en definitiva, es en lo que realmente nos quieren convertir para, a partir de ahí, ellos instalarse en el poder el mayor tiempo posible. Al fin y al cabo, nuestros "tan sagaces" dirigentes políticos socialistas, no van a sufrir lo que la inmensa mayoría de los españoles. Parece que no les duele demasiado, ¿no? Pues bien, más allá del "humor" casi negro en el que nos han intentado sumir con semejante comportamiento gubernamental reiteradamente persistente, cuando menos merece una ligera reflexión.
Indudablemente, se puede tratar de enmascarar cuanto nos está afectando por medio de un delirante e injustificado "compulsivo optimismo" y, a su vez, desde su frágil y fantasiosa atalaya y con un inamovible más que errático discurso "caudillista", rodearlo de una aureola de aparentemente necesaria exigible responsabilidad a todo cuanto se menea. Lo que, sin ninguna duda, no hace sino retrotraernos a etapas no muy lejanas y que ya se creían afortunadamente superadas. Pero, por más que se esfuercen en tergiversar, manipular y mentir, una cosa queda suficientemente clara, y es que, además de ser España el país en el que más crece el desempleo de toda la UE, lo que verdaderamente subyace en tan impresentable y reprobable conducta, no es sino la clara intención de intentar silenciar el oportuno debate, político-social a fin de que, como es típico de los dirigentes socialistas, no se ponga de relieve su incomparable manifiesta incapacidad para gestionar los asuntos de Estado, que le son propios a todo buen gobernante que se precie de tal. Pero y que duda cabe, para esto hay que gobernar, y el actual gobierno no ha dejado de hacer otra cosa que oposición a la Oposición desde que llegó al gobierno.
En consonancia con lo antedicho, y lo que es lo mismo, no asumir el consiguiente coste y desgaste como consecuencia de su injustificable inacción, Realidad innegable esta, que viene desde hace ya demasiado tiempo en que, no pocos expertos, venían advirtiendo de la necesidad de acometer medidas estructurales, reformas a niveles de mercado de trabajo, fiscal y económico y mejora de nuestra baja productividad ante la abultada escasa competitividad. Todo ello, en aras a poder estar mejor preparados a la hora de hacer menos cruentas las consecuencias de una crisis que, incuestionablemente, ya hace tiempo que se veía venir. En definitiva, todo lo afirmado, una clara muestra más de como, habitualmente, el interés general queda sujeto a meros espurios intereses particulares y partidistas. Y, aquí, si que no vale escudarse en echarle la culpa hasta a las "flores del paraíso", porque el resto de los miembros europeos no están sufriendo un descalabro semejante al nuestro, y en no pocos aspectos. Algo esto, para lo que basta leer a diario la prensa nacional y extranjera.
Consiguientemente y que duda cabe, al margen de que, cualquier ciudadano interesado en estas cuestiones, podía ya hace al menos dos años apreciar la inquietante tendencia que ya alertaban las diferentes variables económicas -de hecho y personalmente, tuve a bien de comentar dicho sobrevenible riesgo en el interior de diferentes artículos aquí publicados-, cierto es, que siempre se puede y debe ser optimista en cuanto a la capacidad de recuperación de una Nación. Ahora bien, a partir de ahí, otra cosa bien distinta es pretender cerrarle los ojos a la ciudadanía a una realidad que, cada día, despedaza las ilusiones de miles de familias y aniquila empresas y más empresas, porque ello implica dejarles en la más nefanda inseguridad y angustia. A partir de ahí, como suele ser bastante habitual, las reacciones pueden ser tan imprevisibles como capaces de sumirnos en un infinitamente mayor grado de decadencia económica, financiera... Es decir, a todos los niveles imaginables.
Indefectiblemente, tan irracional negación de la evidencia y de forma aun más harto preocupante, toma una especial relevancia en lo que hace referencia a los sectores más débiles de la sociedad. Pues, como es sobradamente conocido, "los más poderosos", al margen de no estar tampoco libres de padecer muy nocivas y letales consecuencias de distinta índole también, no es menos cierto que, por lo general, tienen siempre muchos más medios a su alcance como para, entre otras cosas, poder estar más al corriente de la dimensión y trascendencia de los acontecimientos y peligros propios de toda presunta debacle económica. Y, de ese modo, cuando menos poder prevenir de algún modo su futuro personal. Aseveración, esta última, en la que no se refieren las incalificables consecuencias que se están derivando de la siempre arriesgada, alarmante y salvaje especulación registrada hasta ahora, y que merece un artículo aparte.
Por tanto y dejando una mayor profundización en lo que al tema financiero se refiere y, asimismo, demás datos de interés sobre evolución de algunas importantes variables para la parte segunda de esta reflexión, es obligado insistir en que, pese a la memez gubernamental, y no menor infame actitud y manifestaciones provenientes del pancismo sindical -sobre todo cuando están en juego derechos fundamentales de los trabajadores/as y la ruina de miles y miles de familias-, por encima de particulares intereses personales y partidistas, y por más que alguien se quiera "rasgar las vestiduras", incluidos, unos hoy tan serviles sindicatos, -para no pocos, convertidos en meros siervos del poder-, es una obviedad afirmar que, en unos momentos en los que ni siquiera los más prestigiosos analistas económicos tienen muy claro a que nos enfrentamos, la sociedad en su conjunto necesita tener inequívoca y fehaciente constancia de todo cuanto tenga que ver con la realidad que nos rodea en cada momento. Y por muy cruda que pueda ser la misma. De donde se deduce, que nada puede resultar mejor que huir de todo intencionado oscurantismo ni resultar más eficaz, como informar en todo momento y circunstancias con la más absoluta naturalidad y sinceridad. Sobretodo, porque la duda y la opacidad, máxime viendo la trayectoria de este gobierno, es como para estremecer.
De no respetar el buen juicio y criterio social -y al que han de estar nítidamente supeditadas cualesquiera consideraciones políticas, como es natural y a las propias circunstancias presentes podemos remitirnos, es normal y totalmente comprensible que se despierte una gran sensación de inseguridad, desconfianza, temor y alarma social, como la que ya se ha puesto de manifiesto. Nunca, pretender negar la realidad, puede ser tan irracional como y metafóricamente hablando, aquello de intentar: "poner puertas al campo", que es a fin de cuentas lo que ha pretendido hasta ahora el presidente Rodríguez. Esencialmente, por cuanto es un auténtico ineludible bombardeo de noticias inquietantes, lo que emana de cualquier medio de comunicación a diario, tanto ya sea nacional o internacional. Amén, de algún precedente que, pese a quien pese, hace que a no poca gente se le pongan los pelos de punta.
Por lo que, ante momentos tan críticos como los actuales y en los que, este gobierno, ha dejado claro que no sabe muy bien que hacer -ni quiere acometer las llamadas "medidas impopulares", lo cual no deja de ser una soberana irresponsabilidad-, insistir una vez más en que, además de degradante y humillante, resulta extremadamente letal toda la más que pueril retórica gubernamental y no menos fantasmagórico "buen rollito" -mientras que ya incluso y en estos momentos, no poca gente se ve en la degradante necesidad de tener que recurrir a los contenedores de grandes superficies para encontrar algo para comer. Claro que, por desgracia, no sorprende viniendo de quien viene, políticos socialistas que ya hace demasiado tiempo se olvidaron de la "O" de sus siglas -al igual que en el sindicato la "T" de trabajadores-, y que no sufren, ni saben y ni parecen querer saber, lo que representa cada día que pasa para los miles y miles de personas que, de la noche a la mañana, se están viendo o se van a ver: ante las insufribles consecuencias de perder sus casas por no poder pagar sus hipotecas, yendo a comedores sociales para poder comer en condiciones mínimamente dignas, no puediendo acometer necesidades esenciales para su propia salud y vida cotidiana.... En fin, todas las más indigeribles y más desgarradoras tragedias personales y familiares.
Igualmente, huelga decir que, cualquier trabajador -y sin "el permiso" del ocurrente "sindicalista" Fidalgo o del inexistente Méndez-, tiene todo el derecho, legitimidad y deber moral del mundo, tanto a la hora de demandar -cualquiera que sea el momento- un puesto de trabajo y salario dignos para mantener a su familia, así como, de cara a poder hacer y exigir cuanto sea preciso a la hora de salvaguardar sus no menos más que tangibles intereses y queriendo, como no podría ser de otro modo, tener las más absolutas garantías para sus propios ahorros económicos -ya sean más o menos relevantes-, entre otras muchas cosas de no menor importante naturaleza. Y, muy especialmente, en un mundo de momento tan extraordinariamente confuso e incierto, convulsionado e inmerso en un incontrolado y, de momento difícilmente controlable crítico momento, a juzgar por tanta indecisión, discrepancia, imprevisión, improvisación, contradicción y dificultades reinantes. Amén de que y como también se viene afirmando, incluso ni siquiera se tiene claro si nos encontramos ante un "proceso de transformación y cambio que nos pueda conducir hacia unas distintas formas de capitalismo, y con unas economías emergentes a la vista. Además de los juicios y posicionamientos y..., de las entidades financieras privadas y de los propios bancos nacionales. Panorama que, convendrán conmigo, no se presta demasiado a ningún tipo de experimentalismo ni aventurerismo.
A la hora de proseguir con esta reflexión y habida cuenta del enorme confusionismo intencionadamente creado por el actual gobierno, y con la más que censurable y, si estuviéramos en un Estado real que no formal de Derecho, hasta penalmente perseguible indecorosa colaboración previa de las autoridades monetarias -ocultando durante la campaña electoral, de forma deliberada y dentro de la más que presunta complicidad, la verdad de lo que se avecinaba-, resulta a todas luces incontestable e incuestionable el derecho, de todo ciudadano, a moverse en un marco de posibles certezas y no de simples hipotéticos e infundamentados "ilusionantes deseos".
Por supuesto y en atención a lo antes mencionado, por más que, a este respecto y como si fuera una especie de panacea, se recurra a mencionar la aparente solidez de un sector financiero español, generalmente y en apariencia bien controlado por los mecanismos reguladores desde los años setenta, aproximadamente. En especial porque, de no tomarse medidas capaces de frenar el actual caos en que nos está sumiendo la inacción gubernamental, éste podría llegar a padecer más serios problemas aun de los que ya tiene.
En tal sentido es claro y notorio que, además de las muy graves deficiencias de nuestra economía, conviene no perder tampoco de vista el hecho de que, en realidad, no sabemos muy bien y a ciencia cierta tampoco cual es el nivel de contaminación de nuestro sistema financiero como producto de su "juego" dentro de los mercados internacionales. Esto, si es que, además de otros aspectos entre los que se encuentra el hecho cierto de que, en el exterior, nadie nos quiera conceder crédito ya, lo hubiera a niveles verdaderamente significativos. Sin por ello, claro está, tener que sumirse en un estado de irrefrenable eterna desconfianza o, poco menos, de auténtica angustia existencial e histeria colectiva. Ahora bien, ello no debe ser jamás incompatible con aquella conocida aseveración de: "al ciudadano hay que contarle siempre la verdad aunque le duela". Todo lo que no sea así, implica una incalificable falta de respeto hacia el poder soberano y hacia la propia naturaleza social.
Del mismo modo, hay que afirmar que, el optimismo y la ilusión -por más entusiasmo que se le eche-, son siempre valores muy difíciles de sostener ante quienes peor lo están pasando, y ante aquellos otros que, más pronto que tarde, lo van a pasar igualmente mal. Tanto, que hasta despierta no poco pudor siquiera pensarlo. Muy especialmente cuando, por desgracia, además, la mayoría de los trabajadores no pueden disponer ni de los ingresos ni de las prebendas presentes y futuras, de unos políticos que viven en su quimera y muy al margen de la realidad de la calle. De una calle, por cierto, en la que los precios se disparan y donde más de veinte millones de españoles no llega siquiera a cobrar 1000 euros al mes.
Así que, inexorablemente, la sociedad está en su pleno derecho de, al menos, poder exigir un mínimo de elemental rigor y prudencia a los dirigentes políticos, y aun más decoro y vergüenza torera, a unos sindicatos totalmente ausentes y que, junto a las asociaciones empresariales y según parece a juzgar por informaciones aparecidas en distintos medios de comunicación, se pueden llevar en subvenciones al año la friolera de 163 millones de euros. Es decir, 27.121 millones de las antiguas pesetas en números redondos -y del dinero de todos los españoles, que tanto parece olvidarse. Y a lo que habría que sumar, otras ayudas provenientes de las Administraciones autonómicas, Fondo Social Europeo... Descomunal aportación que, indiscutiblemente, tiene tanto de injustificada como de tendenciosa maniobra orientada a "comprar el silencio, la más absoluta quietud y servilismo sindical", así como a retroalimentar el gran "pancismo sindical" existente. Algo absolutamente incalificable, lamentable, vergonzoso, y un auténtico, desgarrador y "gansteril atraco".
Indefectiblemente y como no, es oportuno matizar que, no sólo es de todo punto de vista oportuno pensar en la previsible posible salida de tan críticos momentos, sino que es necesariamente imprescindible. La cuestión es, por supuesto, saber aproximadamente para cuando y, mientras tanto, pensar en que es lo que les va a suceder a tantos y tantos españoles que no disponen de recursos y medios para poder aguantar o subsistir -y, cuyo número, se incrementa cada día de modo más que alarmante. Particularmente, si se tiene en cuenta que vivimos en un país "aparentemente rico" pero, donde ni se le puede dar a la máquina de hacer billetes, ni devaluar la moneda. Y donde, además de los parados, ya de partida abundan: un ingente número de pensionistas que no tienen suficiente ni para mal subsistir hoy, una mayoría de mileuristas y, para vergüenza de todos, demasiados millones de personas más que inmersas en el umbral de la pobreza. ¿Y, qué decir, de los más de dos millones de niños españoles, incluidos en esta dramática realidad de precariedad extrema?
Así que, visto lo visto, y muy especialmente de cara a quienes viven del erario público y que, por ende, disfrutan de infinitas prebendas y garantías que el ciudadano de a pie no -o sea, los políticos, incluidos los de "profesión perpetua"-, y por muy poco políticamente correcto pueda resultar, hay que decir, de forma tajante y contundente, "basta ya de tanta tramposa, frívola e interesada superficialidad" y falsa promesa. Tantos y tantos miles y miles de dramas, merecen una consideración y respeto que vaya infinitamente más allá del sacrificado conformismo bananero, del chovinismo y del chabacano falso voluntarismo de unos gobernantes que, para mayor desgracia, no saben ni siquiera donde están. Y mucho menos que hacer. ¡No digamos ya, de los que viven instalados en el "pancismo sindical"!
De igual manera y sobre todo, otra cuestión a destacar sería el "no estar dándole al "organillo", erre que erre, con el ya cansino estribillo gubernamental de que, los ciudadanos más humildes, van a tener cubiertos sus aspectos más elementales de la política social". Faltaría más que, todos aquellos legítimos derechos, legalmente reconocidos y recogidos por ley, no estuvieran sujetos a la inviolabilidad y obligado cumplimiento por parte de las autoridades públicas, incluso hasta de las más necias e incompetentes, políticamente hablando, como es este el caso. En cuanto al resto, ya en los propios Presupuestos Generales actuales se aprecian recortes sobre algunas políticas sociales propias de la Administración Central, que no del Gobierno -como de manera tan defectuosa se acostumbra a decir.
En otro orden de cosas y por más que este demagogo gobierno socialista se empeñe en jugar de manera tan sórdida y cínica con las pasiones sociales, no debe perderse de vista tampoco que, al margen de la política de pensiones, prestaciones por desempleo y poco más, lo verdaderamente cierto es que, la mayor carga financiera de los servicios sociales, generalmente, descansa sobre las arcas autonómicas y municipales. Incluida la tan cacareada Ley de Dependencia para la que, como es bien sabido, no existe siquiera la consiguiente disponibilidad financiera. Pero, esto último, es una cuestión a tocar en un artículo específico.
Por otra parte y para mayor inquietud, es claro y notorio que, al margen de las insultantes, aparentes y "tramposas bondades" que quieren vendernos, los datos propios de la actual administración socialista hablan por sí mismos: oficialmente 95.300 parados más en septiembre publicados hoy -a saber, cuantos oficiosos habría que añadir-, y que afectan a todos los sectores prácticamente. Y nada más que 608.000 parados en un año. Lo que sitúa la tasa de desempleo en 2.625.000 parados ya en España, colocándonos en el 11,3% y por encima por tanto de todos los demás países de la UE, y en cuanto a destrucción de empleo también. Pero, "naturalmente", esto no parece suficientemente preocupante, ni para el gobierno socialista, ni para el "pancismo sindical" -tan amarillento éste ya, que apesta.
De igual forma y como ha sido publicado decir que, el déficit exterior de España, se ha disparado en un 90%. De ahí que, nuestra balanza de pagos, acumule un harto preocupante déficit histórico. España se sitúa ya como el segundo país más deficitario de la zona del euro. En términos generales y como recientemente apuntaba, de forma contundente y clara, un experto económico -y no político-, nuestra situación es lo suficientemente seria e inquietante -y con una tendencia a peor-, como para ser mucho más prudentes a la hora de intentar sacar pecho en lo que concierne a la situación financiera española. Salvo, claro está, que se quiera ir haciendo el ridículo por el mundo, a la vez que, con semejante inadecuado comportamiento, se le deja de rebote en igual situación al pueblo español. En este sentido y recordando algunos datos que venía a mencionar, nos encontraríamos:
Que, nuestro déficit por cuenta corriente, está creciendo a un ritmo del 6,6%. Lo que nos coloca ante el hecho de tener un 11% del PIB, que se traduce en unos 110.000 a 120.000 millones de euros para los que resulta, como es natural, necesario encontrar financiación y, sin embargo, los mercados internacionales no nos la dan. Evidencia cierta de que, por el momento, hemos perdido incluso hasta toda credibilidad. Algo que, en cierta medida, no sorprende demasiado si se tiene en cuenta la frivolidad, falta de rigor y carencia de seriedad de este gobierno.
Como consecuencia de la falta de dinero exterior, nos hallamos ante la paradoja de que, las empresas que recurren a los bancos españoles en demanda de crédito, se encuentran conque no hay dinero y no se lo dan. A partir de aquí, y si a ello se le suma la explosión de la llamada "burbuja inmobiliaria", la crisis industrial, el retroceso del sector servicios como producto del mal momento turístico, así como, el fuerte descenso del consumo interno y la falta de competitividad exterior -y que todo va a seguir de momento con esta tendencia-, para cualquiera es fácil intuir las letales consecuencias que se derivan de todo ello. Amén, de que también sigue cayendo el índice empleado para el cálculo de la capacidad de pago de las pensiones en función de la actividad del mercado laboral -el ratio: afiliación-pensionistas-. Algo que tampoco sucedía desde que, en 1996, el felipismo dejó a España en un estado de ruina total.
De hecho y en relación con lo antedicho, todo ello se concreta, asimismo, no sólo en las letales consecuencias que todo ello tiene para el empleo -habiendo subido el paro ya en más de un 31% y siendo el más negativo desde 1978, pero que, sin contar con la modificación de la fórmula de cálculo llevada a cabo por el exministro Caldera de cara a maquillar los resultados de desempleo, realmente superaría incluso este porcentaje-, sino para la propia Seguridad Social que ha sufrido una caída ya de más de 550.000 cotizantes menos -el mayor descenso de afiliación desde enero de 1994, también con otro gobierno socialista. De hecho, el vicepresidente Solbes, se ha visto obligado a tener que aportar por parte del Estado 500 millones de euros -y con una previsión de hasta 2.000-, a la caja de la Seguridad Social. Debiéndose tener en cuanta, además, que y como quiera que el sistema ingresa menos de lo que gasta, no quedará más remedio que realizar nuevas aportaciones futuras.
Igualmente venía a poner de relieve que, en cuanto al crédito hipotecario dudoso de cobro sobre viviendas -osea la morosidad-, ha crecido también en torno a un 182%, desde hace cuatro años. Y aun estamos empezando como quien dice. Así que, no sólo basta regocijarse en la solvencia hasta de nuestro sistema financiero, sino que hay que tomar medidas capaces de paliar la situación y garantizarla de cara al futuro.
Asimismo, estamos ante un incremento del 120% en lo que hace referencia del impago de unas empresas a otras. Si las empresas no cobran lo que venden y los bancos no pueden facilitar créditos, el caos está servido. He aquí, una muestra más de la trascendencia que tiene el hecho de no haber advertido a tiempo de lo que se avecinaba, como de no tomar iniciativas capaces de contrarrestar semejante calvario empresarial que, lamentablemente, acaba pagando todo el mundo. Pero, de manera muy especial, los trabajadores.
Consiguientemente, tanto las antedichas razones como el hecho de no haberse acometido las reformas necesarias, nos sitúan ante un más que inquietante panorama en el que nos encontramos con una gran cantidad de empresas en situación concursal -es decir, prácticamente a punto de cierre-, y que ha registrado un incremento del 182% con respecto a los últimos cuatro años. Hecho este, por cierto, que ya tuve a bien tocar, recientemente, hablando del elevado cierre de empresas que se venía produciendo en España. Oscuro panorama que hace imprescindible trazar un rumbo esperanzador y creíble, y más allá de la vacía y retótica charlatanería gubernamental.
Responsablemente, podría argumentarse en todo momento y hora, y con toda justicia, que la situación es lo suficientemente grave y preocupante como para que, en modo alguno, pueda justificarse la ignominiosa, chocante y vergonzosa "pasividad y silencio sindical". Cosa bien distinta hubiera sido que, en verdad -y nada más deseable, por otro lado-, estuviéramos ante un gobierno con ideas y que fuera capaz de enfrentarse con rigor, eficacia y eficiencia, a una de las más inquietantes situaciones que se recuerden, pero este no es el caso, sino más bien al contrario. Tristemente y como contrapunto, nos encontramos a toda una "casta" dirigente socialista volcada en intentar distraer al personal con todo tipo de demagogias, tartarinescas ocurrencias y extrañas majaderías políticas. Y, asimismo, esperar a ver si acaba amainando la tormenta y con el mínimo coste político posible. ¡Simplemente, patético!
¡Ah!, para finalizar, es conveniente desenmascarar una vez más la mentira de este gobierno, ante su pretensión de no actualizar el IRPF en base al IPC, por cuanto que, esto, viene a suponer un incremento de los impuestos en torno a un 4,5%, aproximadamente. Lo que, naturalmente, nos muestra la falta de escrúpulo y la "caradura" de este "iluminado" presidente Rodríguez, a la hora de convertir en una acción tramposa toda su gestión. Puesto que, los ya de por si tan injustamente distribuidos 400 euros -que no fueron otra cosa que una de las más decadentes y vergonzosas formas de intentar comprar votos-, y de los que los mileuristas y de ahí para abajo no han visto un euro, la Administración los va a recuperar bien pronto y con intereses, a partir de la declaración del próximo año 2009. Así que, la "complacencia" de quienes se beneficiaran en su día, parece que va a durar bien poco. Pero aquí no pasa nada, así que viva el "buen rollito" que, para eso, "España "is different". O, ¿no? ¡Pero que cruz!
Por: Guillermo S. Fernández Pérez
