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Nuestra única pretensión es aportar nuestro granito de arena en esos momentos en que los ciudadanos de bien más lo necesitamos, porque unid@s somos más y más fuertes. En breve podrán utilizar los servicios de esta web de forma totalmente gratuita recibiendo ayuda en la tramitación de sus reclamaciones y quejas.

A la vista de los difíciles tiempos que estamos viviendo en relación con tanto mal uso y abuso de poder, y teniendo en cuenta que, sin duda alguna y que a juzgar por las crecientes informaciones que vienen apareciendo en los medios de comunicación, no parece que las cosas vayan a mejorar, sino que por el contrario y como bien puede constatarse se vislumbra una clara tendencia a peor, está claro que cada día que pasa se hace más inminente y necesaria una decidida labor de concienciación social en aras a poder lograr un mayor nivel de sensibilización e implicación ciudadana. Todo ello de cara a que, entre otras cosas, dicha iniciativa permita establecer las más convenientes pautas de apoyo y colaboración recíprocas entre la propia ciudadanía. Pues a este respecto y si en verdad queremos poder disfrutar de mayores garantías en el respeto a nuestro derechos cívicos, hoy en día e indefectiblemente, todos necesitamos de todos. Lo que, por ende, hace asimismo cada vez más imprescindible llevar a cabo la pertinente labor de vertebración social como contrapunto instrumental más eficaz y eficiente hacia los excesos o malos usos y abusos de poder.

Por consiguiente y sin que ello presuponga, para nada, que haya que bajar la guardia y, mucho menos, cesar en tantas cuantas presiones y legítimas exigencias haya que realizar de cara a las Administraciones públicas y demás estamentos. En este sentido e igualmente, todos los ciudadanos y ciudadanas tenemos el inexcusable deber de contribuir y colaborar, junto a las propias autoridades competentes -y codo con codo-, en la labor de salvaguarda la integridad física, legal y moral de los ciudadanos. Lo que, obviamente, quiere decir que, todas y cada una de las personas que integramos la comunidad, debemos disponer del suficiente coraje y valentía a la hora de denunciar cuanto de injusto observemos en la vida cotidiana. Y, del mismo modo y sin reserva ni temor alguno, participar, tanto con nuestra aportación informativa como testifical, en el esclarecimiento de cuantas injusticias se producen a diario.

En tal sentido y claro está, bien se trate de particulares o de cualesquiera otros miembros pertenecientes a los diferentes estamentos o instituciones..., del Estado. Como es natural y ya no sólo por caridad moral, sino por puro civismo y elemental dignidad, todos y cada uno de nosostros tenemos el deber ineludible de auxiliar a nuestros semejantes, allá donde puedan necesitarnos. Pocas cosas pueden resultar más irresponsables, deshumanizadas, ni nada más cobarde e indigno de hasta nuestra propia razón de ser y existir, que dejar abandonada a su suerte a cualquier persona -rica o pobre-, y que se halle expuesta tanto a una posible emergencia, extravío o accidente como igualmente afecta de una flagrante situación de negligencia, trato vejatorio, abuso, maltrato..., y venga de donde venga. Muy especialmente, por cuanto que, en cualquier momento, nos puede suceder a cualquiera de nosotros y por tanto necesitar de la siempre tan oportuna y conveniente solidaria ayuda de los demás.

En una sociedad cada día más convulsionada y en la que, la misma, se ha dejado arrebatar cada vez más y más espacio, es evidente que nadie está libre de riesgos. De ahí, la aun más loable o noble importancia de contribuir, con todo nuestro celo y entusiasmo, a promover la oportuna involución de una tendencia por momentos más y más inquietante. Una tendencia de progresivo aumento de la inseguridad y abuso creciente , y que cada día crea más desasosiego y temor en el seno de la comunidad. Incluso y no pocas veces, en lo que concierne a no pocos y más que sonados abusos por parte de miembros de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado. Sujetos, éstos, indignos de llevar un uniforme y de pertenecer a cualquiera de los cuerpos policiales, guardia civil, policías autonómicas, etc. Indudablemente “agentes de la autoridad” que innegablemente causan un daño terrible y perjuicio difícilmente reparable para quienes tienen la desgracia de convertirse en sus víctimas -a veces, hasta con resultado de muerte, extorsión, amenazas, denuncias inventadas, etc-, así como un fuerte deterioro de la imagen y labor de las propias fuerzas y cuerpos de seguridad. Crítica creciente situación que, consecuentemente, debiera dar pie a una decidida labor de purga o saneamiento.

Indudablemente algo, todo ello y razón de más que, al igual que cualesquiera otras injustas circunstancias o situaciones -personales, laborales profesionales-, no debe quedar únicamente en la indignación y menos en la inhibición como producto del temor a nada ni a nadie o la impotencia misma, sino que, además de que unidos somos más y más fuertes, tenemos el razonable firme compromiso de combatirlo, y con toda la intensidad que cada caso requiera -movilizaciones, denuncias, testificaciones, y cuanto dentro del ámbito legal fuere preciso-. Y, por supuesto, exigir una mayor prudencia en la selección de quienes aspiren a incorporase a la labor de velar por el servicio del orden. Por cierto y además de poner a disposición de tan honrosa labor esta web, petición esta que, de cara a las autoridades competentes, hacemos ya públicamente desde este mismo momento. Al margen, de cuantas gestiones y comunicaciones requieran cada caso que nos sea expuesto, o siempre y cuando así nos sea fundada y justificadamente demandado.

Asimismo y razón de más, lo mismo en lo que concierne, naturalmente, a nuestro más absoluto y desinteresado ofrecimiento de esta web: sosciudadano.com, tanto para que, quienes lo necesiten o quieran colaborar, puedan informar o hacer públicas sus denuncias, demandas y reivindicaciones. Lo mismo que, del mismo modo y como una muestra más de nuestra firme e inequívoca voluntad de ponernos, tanto al frente como junto a quienes ya lo vienen haciendo, un inequívoco ofrecimiento para colaborar en dar a conocer y denunciar, allá donde proceda, cualquier posible injusticia. Bien ante un ministerio, gobierno autonómico, ayuntamiento, fiscal, etc.

Por último y de cara a poder ubicarnos de forma más precisa en el fundamento de cuanto ha sido manifestado, dejar rotundamente claro que y en no pocos casos, nos hemos encontrado ante abusos que pueden tener su origen en el con demasiada frecuencia tan injustamente inquebrantable principio de veracidad producto de un mero corporativismo, en la propia patología de personas que acceden a los susodichos cuerpos de seguridad: unas veces por complejo, exceso de celo o por una especie de un enfermizo “endiosamiento” en individuos no aptos psicológicamente para el desempeño de una actividad siempre muy difícil y compleja... En fin, lo que bien conoce y no pocas veces padece una parte de la ciudadanía y que, con mayor razón, demandan una estrecha colaboración ciudadana.

Igualmente y en no pocas ocasiones, también como producto de la negativa influencia que, en algunas personas, se suscita como consecuencia de esa especie de inexplicable veneración social hacia quienes, en definitiva, no hacen sino cumplir con su deber, al igual que: nuestros bomberos cuando se enfrentan al fuego; nuestros pescadores a las fuertes tormentas del mar; los camioneros enfrentados a la soledad, dureza y peligros de la carretera; los barrenistas colgados en los acantilados, médicos expuestos a posibles contagios, militares... Por otro lado, especie de veneración que, por lo general, nace del hecho cierto de encontrarnos ante una sociedad muy afectada como producto de su más que sensible estado anímico, dadas las tan crueles y terribles consecuencias de la violencia terrorista. Así que, muy a pesar de todo y por más dolor que pueda embargarnos, jamás se debe perder la objetividad ni el sentido del límite al que, inexorablemente y desde el respeto a la dignidad y derechos de la persona y al propio Estado de Derecho, ha de estar siempre sujeta la labor de los servidores del orden.

Así pues, habida cuenta de que por nada del mundo se le puede atribuir a nadie el principio de infalibilidad -por más autoridad o agente del orden que pueda ser-, y partiendo del inquebrantable respeto que nos merece la libertad de cualquier ciudadano español o extranjero, nos embarcamos en una labor siempre espinosa y que, a priori, sabemos muy bien que acabará levantando ampollas. De ello somos conscientes y, por supuesto, es un reto que asumimos con todo el entusiasmo y la entrega que siempre merece cualquier actividad encaminada a tan solidaria, noble y gratificante labor de servicio a la sociedad.

 

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